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¿Qué hace una consultora Zero Waste?

Pau Madrigal se dedica a difundir, educar y ayuda a empresas y a individuos a llevar un estilo de vida Zero Waste. Descubre más sobre su fascinante labor.

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Si todavía eres de las personas que cree reducir o —mejor aún— eliminar su basura inorgánica es ‘muy difícil’ o ‘muy caro’, quizá es porque no conoces a Pau Madrigal, una consultora Zero Waste mexicana que decidió llevar este estilo de vida hace unos años y hoy dedica sus días a ayudar a otros en su camino hacia una vida más sustentable.

Lee la entrevista que le hicimos y descubre los diferentes proyectos con los que Pau promueve, incansablemente, el estilo de vida Zero Waste.

Nombre: Paulina Madrigal
Título: Consultora Zero Waste y Economía Circular

¿En un párrafo pequeño, nos puedes contar de qué se trata tu trabajo?

“Mi trabajo consiste en hacer acompañamientos personalizados y adaptados para acelerar la transformación hacia una vida o actividad más sustentable. Puede ser para personas, residencias, empresas o proyectos en particular”.

¿Qué estudiaste?

“Economía Circular en la Universidad del Medio Ambiente. Mi recorrido es algo atípico porque tengo una Licenciatura en Relaciones Internacionales, trabajé tres años en investigación en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), y después hice una maestría en International Project Management en Francia, en donde viví ocho años y siete de ellos estuve en puestos relacionados con la gestión y administración financiera. Después renuncié y nos mudamos a México”.

¿Qué querías ser cuando eras pequeña?

“Quería ser de todo, científica, inventora, bailarina, maestra, empresaria, bióloga, arqueóloga, trotamundos… me gustaba mucho la escuela y todas las materias me causaban curiosidad. Soy de Uruapan, Michoacán, mi familia se dedica al campo y durante mi infancia y juventud pasé mucho tiempo en huertas, bosque, campamentos, paseos a lugares naturales, zonas arqueológicas en Michoacán, etc. Pero también quería viajar y conocer el mundo, por lo que a los 18 años me fui a vivir a la CDMX para estudiar”.

¿Recuerdas la primera vez que escuchaste el término Zero Waste? ¿Qué pensaste en ese momento?

“Sí, fue cuando vivía en París y era responsable financiera, tenía tiempo queriendo acercarme más a la naturaleza porque mi rutina diaria era ir de la casa al trabajo, estar diez horas en la oficina —o más— y después regresar a la casa. Sentí que trabajaba para pagar vacaciones en las que pudiera escapar de la ciudad. También siempre me causó conflicto el consumir con tanto empaque absurdo y, por lo tanto, producir tanta basura, pero creí que esta época que me tocó vivir era así y ni modo.

Recordaba con nostalgia, la forma en la que consumían mis abuelas y mis papás: sin empaque, con productos frescos locales o del huerto. Todo riquísimo, barato, sin conservadores ni empaques, con una relación más estrecha con la comunidad y los productores locales. Además, fabricaban su ropa, cobijas, manteles. Comprar un nuevo objeto o recibir un regalo era de gran valor, y todo lo cuidaban mucho. No creo que lo hicieran por consciencia ambiental, sino por sentido común y por necesidad.

Así que, cansada de un ritmo de vida en la que la mayor satisfacción era gastar mi salario en las rebajas de ropa o en vacaciones, busqué la forma en la que podría tener mayor contacto con la naturaleza en mi vida cotidiana y tener una vida más simple. Busqué en internet cómo vivían las comunidades autosuficientes o ecoaldeas en Europa para ver si mi esposo y yo seríamos capaces de mudarnos a una comunidad así.

En mis sugerencias de Youtube salió un video sobre Bea Johnson y cómo ella y su familia vivían sin producir basura. Así, encontré el concepto Cero Basura o Zero Waste y lo primero que pensé fue ‘ay, es imposible, seguro porque viven en una ecoaldea y son medio hippies’, leí tanto como pude al respecto. Encontré que en París también había tiendas a granel y que había gente en zonas urbanas, con trabajos de oficina que llevaban este estilo de vida”.

¿Cómo llegaste a hacer lo que haces hoy?

“Comencé a probar el estilo de vida Zero Waste en el 2016, tuve varios errores. Pensé mucho en si quería ser madre porque sentía que a mi hijo le tocaría un mundo muy contaminado. Llegué a la conclusión de que la humanidad no había contaminado tanto el planeta como lo hemos hecho desde hace 50 años para acá. Así que el problema no es la humanidad en sí, sino la forma en la que consumimos.

Al mudarnos a México en el 2018, tuve que empezar de nuevo y batallar para encontrar productos responsables me costó trabajo adaptar nuestro nuevo estilo de vida en la CDMX. Pensaba que mis conocidos en México seguramente ya llevaban un estilo de vida más ecológico porque hay mucha información sobre cambio climático, pero me di cuenta de que algunos ni siquiera se enteraban de que existían los pañales de tela o hasta las bolsas reusables para ir al supermercado.

Así que creé un programa en el que hacía acompañamientos personalizados para las personas que tenían curiosidad sobre una vida más sustentable pero que no tenían tiempo o no se querían equivocar tanto. Mis clientes, también me pidieron que asesorara sus eventos o negocios y fue entonces cuando estudié Economía Circular para poder apoyar las estrategias empresariales y acercarles soluciones realmente sustentables. Evidentemente, algo que me ha servido de mucho ha sido mi experiencia profesional en gestión y en investigación. A finales del año pasado abrí mi propia consultora @procedes.mx, en donde tenemos proyectos variados: educativos, acompañamientos personalizados, residencias Zero Waste, etc.”

¿Cómo es un día común de trabajo?

“Fuera de tiempo de pandemia, trabajo por las mañanas, cada día de la semana lo dedico a un área diferente: ejecución de proyectos, trabajar en la gestión de la empresa, contactar proveedores, alianzas, colaboraciones, hacer ofertas, etc.

Por la tarde cuido a mi hijo y una vez por semana grabamos el podcast @ideasagranel con @rigo.bustos. También suelo tener reuniones por las tardes pero intento que sean pocas”.

¿Qué haces cuándo termina tu rutina laboral?

“Paso por mi hijo a la guardería, hago de comer, comemos, jugamos, respondo mensajes de redes sociales, hacemos quehacer y luego la rutina para irse a dormir. En las noches retomo a veces algo de trabajo”.

¿Qué es lo que más te gusta y lo más difícil de tu trabajo?

“Sin duda, lo que más me gusta es ver la evolución de las personas que asesoro. Les causa mucha alegría y satisfacción. Además, siempre se convierten en inspiración para otros. También me encanta difundir por medio de pláticas y colaboraciones.

Lo más difícil es que los perfiles de cada persona o proyecto son muy diferentes y tienen prejuicios y conocimientos muy variados. La parte de adaptación de programa es complicada por esta razón. En el caso de empresas, es muy difícil encontrar proveedores adecuados porque hay muchos productos que no se fabrican en México o que carecen de estándares de calidad.

Ojalá que mejoremos en este aspecto, hay muchas oportunidades y necesidades que podrían aprovechar nuestros técnicos, científicos, académicos, empresarios, etc.”

¿Qué haces para “desconectarte” en tus tiempos libres?

“Una actividad diaria que me desconecta es el cuidado de mis plantas y la composta. También por la noche ver series o videos, caminar y conocer lugares cercanos o lejanos”.

¿Qué le recomendarías a alguien que quiere empezar su camino hacia una vida Zero Waste?

“Que lo intente, que no se exija mucho, que deje sus prejuicios y el miedo a equivocarse, que no trate de convencer a los de su alrededor, la mejor forma de inspirar a otros es nuestro propio cambio, eso requiere de mucha energía porque el cambio de hábitos es difícil, no la desperdiciemos en obsesionarnos con los demás.

Cada gesto cuenta y cada quién a su ritmo… pero hay que apurarnos jajaja. Se pueden inspirar en las redes sociales pero siempre pensar que una cocina perfecta en Instagram no es la realidad o no tiene que serlo. Que las redes sociales nos ayuden a inspirarnos, a aprender técnicas pero no a hacernos sentir culpables”.

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