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Mi primera vez en una playa nudista me ayudó a amar más mi cuerpo

En una de mis pesadillas más recurrentes llego a un lugar público, veo mi reflejo en un espejo y me doy cuenta que estoy desnuda. Por eso en mi primera vez en una playa nudista, quitarme el bikini de entrada no fue una opción.

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Mi novio y yo elegimos Zipolite para nuestras vacaciones no por ser una playa nudista, sino por ser un destino alejado, tranquilo, con poco turismo y mucho consumo local.

La verdad es que no tenía ninguna expectativa buena ni mala sobre cómo sería la experiencia, es algo que nunca pasó por mi mente hasta que salimos a caminar a la orilla del mar por primera vez y me vi rodeada de gente de todas las edades —literal, desde niños pequeños hasta adultos mayores— divirtiéndose como lo harían en cualquier otra playa pero sin usar traje de baño.

Empecé a pensar cosas como: ¿habrá pervertidos?, ¿se puede correr sin nada de ropa?, ¿está permitido tener sexo?, ¿estas personas tendrán los mismo complejos que el resto de nosotros?

Tal vez sean preguntas tontas, pero es lo que llegó a mi mente en ese momento. Al principio fue raro y no podía evitar voltear de vez en cuando, pero poco a poco fui acostumbrándome, descubrí que estaba equivocada y acepté que era en gran parte por mi ignorancia.

"Estamos (mal) acostumbrados a sexualizar nuestros cuerpos y a sentir vergüenza de ellos."

En los cinco días que estuve ahí no vi pervertidos, ni mucho menos actos sexuales, de hecho solo vi gente auténticamente feliz, sin complejos, sintiéndose cómodos en sus cuerpos y en sintonía con la naturaleza.

Caí en cuenta que muchos de nosotros estamos (mal) acostumbrados a sexualizar nuestros cuerpos, a sentir vergüenza de ellos y a ver a otros con morbo. Además, reservamos nuestras “partes privadas” para nosotros y nuestras parejas, pero quizá es el simple hecho de llamar “privada” a una parte de nuestro cuerpo el origen de todo el problema.

La verdad es que al ver lo plenas que lucían todas esas personas que se asoleaban, brincaban entre las olas y hasta hacían ejercicio sin usar ropa, no pude evitar sentir curiosidad y querer probar si yo también podría sentirme así de bien, o saber cómo se vería mi cuerpo sin las marcas del bikini. Debo confesar que no fue fácil atreverme, tuve una larga lucha mental porque soy una persona tímida a la que no le gusta exponer ni sus sentimientos, ni su cuerpo.

Todos los días usé bikini, pero un día antes de volver a casa recordé mi pesadilla y pensé que la única forma de superar los miedos es enfrentándote a ellos, así que me armé de valor, me quité la parte de arriba del bikini y me tiré al sol por varias horas, así fue mi primera experiencia nudista.

¿El resultado? Descubrí un nuevo significado para la palabra “libertad”, comprobé que mostrarme al natural frente a cientos de desconocidos me ayudó a trabajar en mi confianza y autoestima, que no es tan fácil igualar el tono de la piel después de usar traje de baño toda la vida, y que más vale usar bloqueador en TODO el cuerpo.

"Nunca me había sentido tan expuesta y al mismo tiempo tan segura."

También me dio paz darme cuenta que nadie me veía con morbo, nunca me había sentido tan expuesta y al mismo tiempo tan segura. Quién sabe, tal vez en mi próxima visita me anime a quitarme también la parte de abajo del bikini… ¡Ah! Por cierto, desde ese día no he vuelto a tener la pesadilla.

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