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Cuando mi abuelo murió yo...

"Cuando mi abuelo murió lo único que quise hacer fue marcarle por teléfono para decirle que tenía miedo. Él había partido y jamás volvería y eso rompió mi corazón..."

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El dolor por la muerte de un ser querido es otra cosa. Carece de distancia. Viene en forma de oleadas, de paroxismos, de premoniciones repentinas que debilitan las rodillas, ciegan los ojos y cancelan la normalidad de la vida. —Joan Didion

Cuando mi abuelo murió lo único que quise hacer fue marcarle por teléfono para decirle que tenía miedo. Él había partido y jamás volvería y eso rompió mi corazón. En mi cabeza repito y repito esa llamada donde mi prima llorando me dijo —mi pa murió—. Fue como si me hubieran arrancado la vida, de hecho en ese momento me arrancaron la vida.

Por alguna razón siempre pensé que mis abuelos serían eternos, mi abuela paterna una vez me dijo que yo era muy afortunada por tener a mis cuatro abuelos conmigo y que tenía que estar agradecida con Dios. Y yo en verdad lo estaba, estaba orgullosa de que fuera bendecida de esa manera, siempre mire a mis abuelitos jóvenes, altos, elegantes e inmortales.

En mi infancia jamás me explicaron por qué todos en algún momento teníamos que morir, así que supuse que en mi familia la muerte no existía.

El primer recuerdo que tengo de mi abuelo es sentado en una mecedora tocando la guitarra y cantando boleros, yo intentando saludarlo y cuando quería decirle algo, él cantaba más alto y siempre se reía para después pararse, dejar la guitarra y saludarme moviendo mi cabeza. Recuerdo a mi abuelito alto y majestuoso y ahora este recuerdo que antes me hacia sonreír, ahora me hace llorar.

Una puerta se cerró en mi vida y jamás volverá a aparecer y con ella se llevó al que respondía con el nombre de mi pa. Cuando él murió muchas preocupaciones llegaron a mi cabeza. ¿Mi pa tendrá frío? ¿Tendrá sed? Recuerdo que le pregunté a mi prima si no sabía si le habían puesto un suéter porque en mi cabeza él tendría un largo viaje y tal vez él pasaría frío varias noches y por alguna razón pensé que si él no llevaba suéter, tal vez yo podría llevarle uno para así abrazarlo por última vez.

Algunos días pensaba que él estaba en su habitación con su radio am escuchando el fonógrafo (estación de radio am), algunas veces solo recordaba esa llamada que ahora es una estaca en mi alma que me recuerda mi triste realidad. Jamás pensé que su muerte me dolería tanto, es como si en cada respiración dejará ir un pedazo de mi pa, es por eso que contenía la respiración en vez de llorar.

radio am

Mi abuelo era un hombre de pocas palabras, él recibió el don especial de decir “te quiero” con su mirada. Ahora que lo sé tengo sentimientos encontrados ya que me hubiera gustado haberme dado cuenta antes para poder decirle que yo también lo quería. Mi pa me dijo muchas veces que me quería, me lo dijo cuando me arregló mis alas de mariposa cuando tuve que ir a un desfile, me dijo que me quería cuando me hacía mis cuadros, me dijo que me amaba cuando canté sus boleros favoritos una noche de karaoke en casa, con su mirada me dijo que me quería y que estar ahí con él cantando fue muy hermoso. Todos estos recuerdos, aunque dolorosos ya sean, los guardo con el mas grande amor y anhelo de volver a contárselos a mi abuelo cuando lo vuelva a ver.

No estamos preparados para la muerte, aunque sabemos que tarde o temprano llegará ese día. El duelo viene en caras diferentes todos los días, algunos días parecen ser tranquilos y la resignación me abraza para después alejarse y abandonarme llenándome de tristeza y desconsuelo.

Al día siguiente que mi abuelo murió, recuerdo despertar y sentir que me ahogaba, como cuando respiras dentro de una piscina y te ahogas con un grito silencioso que solo lo escuchan tus adentros, abrí los ojos y mi corazón lo supo, supo que jamás la vida volvería a ser la misma, que aunque el mundo siguiera su curso, en él faltaría alguien para siempre, ese alguien es mi abuelo.

En memoria de Francisco Rutilo Reyes Segundo, amado padre y abuelo, músico y cantante.

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