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De cremas y otras yerbas

"Después de los 50 las cosas empiezan a ponerse difíciles para el arreglo personal. No siempre nos reconocemos. Solemos tener una imagen en la cabeza que no es, necesariamente, la que nos devuelve el espejo".

Por Paz Barcefe

cremas-otras-yerbas.jpg Foto por The blank letter

Debo reconocer que después de los 50 las cosas empiezan a ponerse difíciles para el arreglo personal. En primer lugar porque no siempre nos reconocemos. Solemos tener una imagen en la cabeza que no es, necesariamente, la que nos devuelve el espejo. Estemos delgadas o algo más gorditas el resultado es el mismo, hasta diría que el primero, a veces, es peor.

El tema tiene distintas aristas, pero yendo de menos a más noté que, de repente, tenía una asignatura pendiente con el cuidado de la piel. De tanto ver a mi hija, joven de unos venti pocos, entrar y salir del baño con su piel limpia y perfumada me decidí a consultarle. Me llevó hasta su altar de cremas y otras yerbas de belleza, las nombró a todas y salió dejando aroma a rosas y sándalo.

Seguí mi vida como si nada hasta que el otro día, tímidamente, decidí adquirir algunos de esos brebajes. Así que puse manos a la obra, describí mi caso y rápidamente recibí cuatro nombres y un par de descripciones rápidas. En minutos la compra estaba hecha.

Mientas esperaba que llegara decidí preguntar a mis amigas sobre sus rutinas de cuidado, la verdad es que no era algo de lo que, usualmente, hablara con ellas. Obtuve respuestas de todo tipo desde la que, sin vueltas, me dijo que no tenía ninguna hasta la que mencionó más de cuatro productos incluso diferenciando los que eran para verano e invierno. La mayoría, podría decirse, que lo hacía de tanto en tanto, cuando se acordaba o debía retomarlo. Pero todas, de alguna manera, tenían presente, al menos, el deber de tener que hacer algo por sus pieles. Varias nombraron marcas, una fue naturista y no faltó la que mencionó el limón y el azúcar para exfoliar.

Ya a las egipcias les gustaba hacer preparados con elementos naturales y a las romanas también les interesaba mucho la estética así como a las griegas. En realidad tanto hombres como mujeres han prestado gran atención a la piel desde siempre, que nos mira de reojo cuando avanzamos en edad y se hace la distraída dejándonos desorientados.

Solemos tener una imagen en la cabeza que no es, necesariamente, la que nos devuelve el espejo.

A los pocos días, una caja de regular tamaño llegó. Tardé un día en decidirme a abrirla y como si sacara artículos de porcelana fina distribuí, con sumo cuidado, el contenido sobre mi escritorio. De ahí al estante del baño y entonces aparecieron las dudas. ¿Cómo era? ¿Cuándo iba el tónico? ¿La esponjita, es para poner o retirar? Y… ¿cuál era para la noche?. En fin, pasaron los días y el sentido común y un poco de práctica hicieron lo posible para que hoy “casi” tenga una rutina. Sigo considerando que de noche la crema de limpieza es fría, pero que para comenzar el día el tónico es un efervescente comienzo.

No obstante, y volviendo a mis amigas me quedó bailando en la cabeza un “último comentario” que me hizo una de ellas-Todas las bondades del producto escritas en la etiqueta, son sólo para sacarnos plata, pero… me dejo engañar. Fue gracioso a lo que le respondí que, quizás, somos cómplices y seguimos creyendo. La dura realidad es que el paso del tiempo no se detiene y toda arma a nuestro alcance es válida para presentarle batalla.

Paz Barcefe Buenos Aires, 30/6/21

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Última edición: 10.07.2021