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Cambié la píldora anticonceptiva por el DIU y me embaracé

Me encantaría decir que el DIU es un invento maravilloso, como solía pensar antes de tenerlo. Pero después de tener un embarazo ectópico con él, no estoy tan segura de poder recomendarlo.

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Desde que empecé mi vida sexual, he sido muy cuidadosa con los métodos anticonceptivos, siempre me ha dado pánico tener un embarazo no planeado o contraer algo una enfermedad. Cuando me di cuenta que ya estaba en lo que se considera como “una relación estable”, empecé a tomar la píldora anticonceptiva y me fue bastante bien. Pero después de cuatro años de tomarla, estaba un poco cansada de ella y decidí que era hora de cambiar de método.

Ir al ginecólogo siempre me parecido una experiencia algo desagradable, aunque obviamente necesaria y la verdad es que no tenía un doctor de cabecera, así que solo iba probando con diferentes. En fin, encontré uno, fui a consulta y le conté mi caso. Me recomendó lo que yo ya estaba esperando: cambiar a un dispositivo intrauterino, el famoso DIU. Me habló de uno nuevo en el mercado que está especialmente diseñado para mujeres que no han tenido hijos y tiene una efectividad superior al 99% en prevención del embarazo.

Después de investigar un poco, me decidí a probarlo. Fui con el mismo ginecólogo y, con la mejor disposición, me acosté y desee que fuera muy rápido e indoloro. Mi primer deseo se cumplió, pero debo confesar que fue muy doloroso y me provocó una sensación que podría definir como el peor cólico que he tenido en mi vida, lo peor es que me duró varios días.

Pasaron meses, luego un año y la verdad es que, aunque el DIU estaba cumpliendo su objetivo principal que era evitar un embarazo, yo no me sentía tan cómoda con él. Es algo raro y difícil de explicar —quizá un trip psicológico— pero todo el tiempo estaba paranoica, pensaba ¿y si se mueve de su lugar?, ¿y si no está funcionando?, ¿y si se sale sin darme cuenta?… aunque después me tranquilizaba pensar que nada de eso había pasado en todos estos meses, así que todo debía estar bien.

Aunque el DIU estaba cumpliendo su objetivo principal que era evitar un embarazo, yo no me sentía tan cómoda con él.

Casi dos años después de tener el DIU me pasó algo muy raro: mi periodo no llegaba. Desde un principio el doctor que me lo puso me dijo que el dispositivo podía causar amenorrea (ausencia de menstruación), pero también me dijo que era totalmente normal y que no debía preocuparme; pero me parecía muy raro que estuviera pasando tanto tiempo después. Esto sucedió unas semanas después del sismo del 19 de septiembre en México, así que también llegué a pensar que podía ser un síntoma de estrés postraumático.

Después de una semana de retraso decidí ir al ginecólogo (uno nuevo), a ver si todo estaba bien. Le conté mi caso y me hizo un ultrasonido en el cual comprobó que todo estuviera bien, –_vamos a hacerte una prueba de embarazo, solo para descartarlo_–me dijo. Yo me reí por dentro y pensé: “tengo un DIU, ¿cómo voy a estar embarazada?”.

“_Estás embarazada_”, cuando escuché esas dos palabras, sentí que el estómago se me subió a la garganta, se me taparon los oídos y lo único que pasaba por mi cabeza era “no es posible, tengo un DIU, ¿es una broma?”. Sobra decir que en este momento de mi vida no planeo ser mamá y mientras en mi mente empezaba a debatir si lo mejor sería abortar o darlo en adopción, el doctor me dijo que seguramente se trataba de un embarazo ectópico (fuera del útero) porque no se veía nada en el ultrasonido. Según él, la única solución era una cirugía en la que me extirparían una de las trompas de falopio y que si no lo hacía, el embrión seguiría creciendo y entonces mi vida correría peligro. Decidí pedir otra opinión, pero era viernes así que tendría que esperar un par de días para conseguir una cita con un nuevo doctor recomendado.

Lloré todo el fin de semana maldiciendo el momento en el que decidí dejar las pastillas y ponerme el DIU.

Llegó la hora de mi cita y este nuevo doctor me inspiró mucha más confianza, lo primero que hizo fue quitarme el DIU y hacerme ultrasonidos tanto pélvico como transvaginal para tratar de encontrar al embrión. Nunca lo encontró. Me dijo que podía ser una etapa muy temprana del embarazo, que había tiempo para ver cómo avanzaba y después podría tomar la mejor decisión, por ahora mi vida no corría peligro así que solo me mandó reposo absoluto, estudios de sangre y ultrasonidos cada tres días para monitorear los niveles de gonadotropina, mejor conocida como la hormona del embarazo.

Así como la gonadotropina se elevó exponencialmente las primeras cuatro semanas, fue disminuyendo de la nada. El embrión nunca fue visible y después de unas seis semanas, mi “embarazo” desapareció de la nada. El médico estaba sorprendido, primero porque nunca había visto o escuchado de un embarazo con ese DIU y segundo por la forma en la que mi cuerpo se encargó de “deshacer” (literalmente) eso que me estaba haciendo daño.

Tuve suerte, la mayoría de estos casos terminan en cirugía o al menos en un aborto. Esta fue una experiencia que me llenó de enseñanzas, quizá la más importante de todas es la importancia de tener un ginecólogo que conozca tu historial médico y que esté lo suficientemente preparado. Volví a la píldora anticonceptiva y me propuse cada año ir a revisión, hasta ahora lo he cumplido y no pienso dejar de hacerlo.

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