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Llegó el fin de año y no hice mi lista de propósitos ¿eso está mal?

¿Llegó un nuevo año y no tienes una lista de propósitos? Eso podría ser una buena señal.

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Desde que era pequeña, la noche del 31 de diciembre ha sido un evento importante en el año, los rituales eran clave para definir lo que se venía en los 365 días siguientes.

Recuerdo que el año pasado escribía en mi diario muy feliz porque sentía que había logrado algunas cosas importantes y me estaba tomando la tarde (como debía ser) para hacer mi lista de agradecimientos y de propósitos.

Sin embargo, este año fue diferente. Esta vez me desperté con pocas energías, tuve una mañana estresante, estaba triste porque tenía una cita de despedida con una gran amiga que se regresaba a Bilbao, donde está viviendo; además el día estaba frío y nublado (soy de esas personas cuyo humor mejora o empeora junto con el clima de la ciudad).

Eran las 17:00 y yo estaba llorando en mi cama pensando en porqué no sentía la emoción del año pasado, el alivio de saber que fue un buen año y que la terapia, el ejercicio y una mejora en mi alimentación habían hecho su trabajo.

De manera automática empecé a culparme por no ser agradecida, pensaba en que mi 2019 fue muy bueno en realidad, y que no estaba actuando a la altura.

Pero en medio del tren de pensamientos vino a mí una idea que me dio calma y con la que decidí quedarme. Pensé en que no tengo que obligarme a hacer ningún ritual, ni a poner una cara de felicidad para todos, lo único que debía hacer es aceptar que a veces tengo días en los que lloro porque sí; en que el 31 de diciembre puede ser mega importante para muchos pero yo puedo decidir no darme el baño de esencias y flores, no hacer la lista de propósitos, no comer las 12 uvas con mis deseos.

Puedo definir mis propósitos de vida cualquier día y va a estar bien.

Lo único que necesito hacer es abrazarme, aceptarme y entenderme. Llegar a esta conclusión me dio tanto alivio porque era la prueba real de que he venido trabajando y que poco a poco soy capaz de enfrentar a mis diálogos internos y darme solo amor. Entender que puedo definir mis propósitos de vida cualquier día y va a estar bien.

En efecto, llegó el 2020 y no hice nada de lo que todo el mundo dice que tengo que hacer para tener un año venturoso. Hice lo que me hacía sentido a mi y al dejar de lado las críticas internas pude empezar este año haciendo un trato conmigo misma.

Por eso, ¡salud por más momentos de autoaceptación! ¡Salud por un 2020 auténtico!

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