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Mi verdadero yo

Y así, empecé a invertir en un nuevo proyecto que me aterraba enormemente a la par que me excitaba intensamente: YO misma.

Por Lola Loves

mi-verdadero-yo.jpg Foto por cottonbro studio

Hace unos años, tras una gran crisis de ansiedad, decidí que ya era hora de dejar de vivir una vida que no era mía y empezar a invertir en mí. Había llegado el momento de empezar a cuidarme, por dentro y por fuera. Y de empezar a ponerme como prioridad.

Dejé a esa pareja que me anclaba a una vida de compromisos innecesarios y de creencias hechas de humo y mentiras, y me despedí de mi trabajo que me gastaba la energía y las horas de mi día sin satisfacción alguna.

Y así, empecé a invertir en un nuevo proyecto que me aterraba enormemente a la par que me excitaba intensamente: YO misma.

Me apunté al gimnasio, al que iba tres días por semana, y empecé a probar deportes de riesgo nuevos, entendiendo lo importante que era ese ejercicio para mi físico y para mi desahogo mental también.

Comencé a hacerme la manicura una vez al mes, bueno, mejor dicho, a que me la hicieran como es debido; e incluso salí de mi zona de confort haciendo actividades en soledad, sin necesidad de tener a alguien a mi lado a cada momento, como ir al cine a ver una peli o estar en casa tirada en el sofá en silencio con mis pensamientos.

Desde luego, empecé a ser una persona nueva.

Me hice varios tatuajes, e intenté afrontar situaciones injustas diciendo lo que pensaba en lugar de guardar silencio y quejarme luego.

Aprendí con tutoriales a hacer algo de yoga, a respirar sanamente y a meditar antes de irme a dormir.

Comiendo sano y rodeándome de esa gente que te carga las pilas, empecé a sentir que entraba aire puro en mis pulmones por primera vez desde hacía mucho tiempo (o aire verde, como yo lo llamo).

Cambié una vida llena de prisas y de estrés, por otra en la que me tomaba las cosas con calma y con mayor y mejor perspectiva, intentando ser feliz con cada cosa que poseía, pero afrontando los días malos sin miedo a sentirme frustrada, sin miedo a romper a llorar si lo necesitaba y siendo realista con lo que estaba o no bajo mi control.

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Poco después de cambiar mis rutinas y de eliminar todo aquello que me restaba, sentí como si dentro de mí hubiese crecido un imán que atraía solo, cosas buenas, que atraía solo, a gente estupenda.

Y me di cuenta de que después de treinta años, había comenzado a conocer a mi verdadero yo. ¿Y sabes qué? Me encantaba todo lo que estaba descubriendo.

Lola Loves

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Última edición: 02.02.2023