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3 cosas que pasarán por tu cabeza si renuncias al trabajo que amas

Si renunciar a un trabajo es difícil, dejar uno que realmente te hace feliz lo complica todo aún más. Pero hay veces en las que, a pesar de amar lo que haces, sabes que es momento de cambiar de rumbo.

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Ya sé lo que estás pensando: ¿por qué dejaría un trabajo que amo? Pues, aunque parezca difícil de creer, hay muchas razones por las que podrías estar en esa situación; desde mudarte de ciudad o país, recibir una oferta de trabajo con mejores beneficios o hasta darte cuenta que ya no tendrás posibilidades de crecer en tu empresa.

Sea cual sea el motivo, es probable que renunciar sea una de las decisiones más difíciles que vayas a tomar en tu vida. Lo más importante es que no te dejes llevar por el miedo y la nostalgia, los cuáles se pueden manifestar a través de los siguientes pensamientos:

¿Estoy haciendo lo correcto?

Me gustaría decirte que existe una fórmula mágica para saber si estás tomando la decisión correcta o no, pero lo único que puedes hacer es pensar en tu futuro ¿Lo que estás haciendo ahora te llevará a lo que quieres ser en diez años? ¿Hay oportunidades de crecimiento profesional? Si la respuesta es positiva, entonces ya sabes hacia donde ir.

También es importante identificar qué es lo que te mantiene ahí: ¿La increíble relación con tus compañeros? ¿La sinergia que tienes con tu jefa o jefe? ¿La comodidad? Recuerda que estas cosas pueden cambiar sin previo aviso así que, si surge una nueva oportunidad que pinta mejor para tu futuro, revísala bien y haz una lista de pros y contras de ambas opciones.

¿Y si me arrepiento?

Al igual que en el punto anterior, lo único que puedes hacer para tener el control de la situación es analizar bien la decisión que estas tomando. Es importante no dejar que nadie se involucre ni decida por ti porque, al fin y al cabo, el destino que está en juego es el tuyo y solo tú sabes lo que quieres y lo que necesitas.

Sea cual sea tu elección, podrías tardarte un tiempo en asimilarla y en empezar a notar los beneficios que traerá a tu vida, pero ten por seguro que te dará un buen aprendizaje y te ayudará a conocerte más.

Nunca volveré a ver a mis compañeros

Tal vez tu parte favorita de renunciar es que dejarás de ver a esas personas con las que no tenías tan buena relación, que hacían más difíciles tus labores o que eran tan tóxicas, que se sentía una vibra pesada en cuanto ponían un pie en la sala de juntas.

Pero pasa lo contrario cuando llega a tu mente la terrible idea de que quizá nunca más volverás a ver a las personas que hacían más divertida y alegre tu jornada. Esos que se convirtieron en tus confidentes y con los que conviviste diariamente el tiempo que trabajaste ahí.

¿La idea de hacer nuevos amigos suena escalofriante! Pero no temas, si tenías amigos en tus trabajos anteriores seguro podrás hacer nuevos en la siguiente etapa de tu vida. Y cambiar de rumbo no significa que también debas cambiar de amistades, las que realmente valoras, seguramente seguirán en tu vida.

¿Alguna vez has dejado un trabajo que amabas? ¿Qué pensaste al renunciar? Cuéntanos tu historia en @theblankletter.

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